lunes, diciembre 05, 2005

VOLUME WARS - Las Guerras del Volumen (Parte I)


Como técnico de sonido, recibo periódicamente encargos de trabajos de masterizado sobre producciones de la más variada procedencia. El masterizado ha pasado a ser una etapa de vital importancia en el proceso de creación musical, puesto que influye de forma decisiva en el "impacto" que el resultado final tendrá sobre el oyente.

En primer lugar, y para aquellos que no sepan exactamente de qué estamos hablando, podríamos definir masterizado como (citando la wikipedia en inglés) como el "proceso de preparar y transferir el sonido grabado a un medio para ser duplicado en un futuro". Siguiendo con la wikipedia, los procesos que intervienen en el masterizado son tres: secuenciar el audio tal y como aparecerá en el producto final, corregir cualquier problema con el audio como por ejemplo diferencias de volumen, balance tonal o artefactos indeseados y; finalmente, transferir el audio al formato final del master.

Entre algunos músicos (y aspirantes a la categoría) parece ser que se entiende por masterizado exclusivamente "hacer que el tema suene mejor". Con lo que nos encontramos ante un doble problema. Primero, ¿qué se entiende por "mejor"? y, segundo, se convierte el proceso de masterizado en un mero "parche" de los defectos de la mezcla sin tener en absoluto en cuenta la verdadera esencia del masterizado que es la transferencia y adecuación del audio al formato final.

Pero para que este artículo no sea un simple ejercicio de retórica, es obligado comentar la siguiente cuestión: ¿Qué le pasa a un audio cuando es masterizado?
El técnico de masterizado realiza muchas tareas, entre otras la de asegurar a quien lo ha contratado que el material que se le entrega está en buen estado. A veces, un material rotulado como "mezcla final" o "listo para masterizar" revela defectos importantes tras una primera escucha tales como clicks minúsculos producto de problemas de sincronía de audio digital, o distorsiones que pueden variar en importancia desde lo nimio hasta lo grotesco. Una escucha correcta puede evitar que un material mal grabado o mezclado pase "el filtro de la calidad mínima" y ahorrarle al sello un embarazoso problema cuando ya han sido puestas todas las copias a la venta. Para realizar esta escucha es preciso disponer de un entorno de trabajo completamente adecuado a la tarea a realizar y en el que pueda escucharse con claridad todo el rango dinámico que debería tener la mezcla.

Cuando el material sonoro ya ha sido chequeado, empieza la parte creativa. Idealmente, una buena mezcla necesitaría unos retoques mínimos para ser publicada en CD. La idea de que el masterizado debe "transformar" el sonido viene de tiempos antiguos en los que para realizar el master de un vinilo debían eliminarse determinados componentes que podían poner en peligro el proceso de duplicado o la propia calidad del soporte. En concreto, debía evitarse un desplazamiento vertical excesivo (señal A-B) y determinadas frecuencias que podían poner en peligro la vida de la aguja grabadora (y el consiguiente percance económico). En cambio, hoy en día el técnico de masterizado realiza manipulaciones, a veces drásticas, del material sonoro que le es entregado cuando, en realidad, el formato CD no tiene las limitaciones del antiguo vinilo.

¿A qué viene entonces tanta manía con modificar "brutalmente" la mezcla en el proceso de masterizado? Debido a la popularización de los medios de producción musical, es habitual que músicos con poca experiencia, conocimientos técnicos y/o medios realicen ellos mismos sus propias grabaciones, e incluso mezclas. Si dichas mezclas fueran publicadas en el mercado, se haría evidente la diferencia de calidad entre ese sub-producto y otros realizados por técnicos de reconocido prestigio con el criterio y los medios adecuados. Ahí es donde el ingeniero de masterizado debe hacer a veces de "bombero" y apagar un fuego que podría quemar tanto al músico como a la empresa discográfica que ha depositado su confianza y su dinero en manos de una "estrella musical".

En el próximo artículo, comentaré los procesos a los que se ve sometido el material sonoro y la conveniencia o no de aplicar cada uno de ellos. Sobre todo, tratando el tema de las aborrecibles "guerras de volumen", que parecen haberse convertido en el estigma de cualquier producción discográfica de la última década.